Los desalojos son la forma que tiene el capitalismo de apropiarse de pedazos de nuestra geografía que no són o había dejado de ser suyos.
La tenencia de una cosa para ello, ya no implica propiedad, y quien usa algo, no es reconocido como legítimo poseedor de su habitáculo. Para la ley, (y la mayor parte de la población con ella) tan sólo un pedacito de papel de alguien que puede ni haber oido hablar de dicho trocito de mundo es lo que la da la potestad de ser dueño.
Así justificamos que gente se quede sin casa incluso en invierno, y que éstas queden a merced de la especulación más salvaje. Nada importa que las personas colindantes no disfruten de la compañía que poco antes les alegraba su existencia. Ahora el orden de las cosas se ha restablecido y ni tu ni yo, tenemos nada que decir.
Eso es lo que ejemplifican estas fotos, el vacío que queda tras una existencia. Nos gustaría, o no; sería deseable, o no. Pero en tanto que conocida era parte del lugar.







